miércoles, 1 de julio de 2015

La inmigrante que se encerró en una iglesia para esperar un milagro...NO ser deportada.

Rosa Robles, una madre mexicana, lleva un año en santuario en una parroquia de Tucson para evitar ser deportada de EE UU.

Era uno de esos desvíos provisionales que hace la policía poniendo conos en el suelo de la calle. Rosa Robles Loreto no vio bien por dónde iba el carril y tiró un cono con la rueda. No hace falta nada más para que un inmigrante indocumentado arruine su vida en Estados Unidos. Le pidieron el carnet que no tenía, el seguro que no tenía, la prueba de residencia que no tenía. Donde un ciudadano estadounidense se habría llevado una multa, Rosa Robles fue detenida 60 días y salió con una orden de deportación. Robles, nacida en Hermosillo, Sonora, tiene 41 años, está casada y es madre de dos hijos. Vive en Tucson desde 1999 y siempre se ha ganado la vida limpiando casas.
Aquello fue en 2010. El 7 de agosto de 2014, agotados todos los plazos legales, cuando la deportación era legalmente inevitable, Rosa Robles decidió que no iba a renunciar a una vida hecha en EE UU y buscó refugio en la Iglesia Presbiteriana del Sur de Tucson. Allí vive desde entonces, acogida en santuario, con la esperanza de que su caso sea revisado y al menos se le dé una prórroga de estancia. Legalmente, nada impide a la policía de fronteras entrar en la iglesia a por ella con una orden de detención. Pero la imagen sería demoledora. El santuario parece funcionar.
“ICE (la policía que ejecuta las deportaciones) está muy duro”, decía Rosa a EL PAÍS en el interior de la iglesia. “No nos quieren dar otra oportunidad”. El pasado sábado 20 de junio, unas mil personas acudieron a la iglesia a mostrar su solidaridad con Robles y su familia. Hicieron una pequeña manifestación y luego un servicio religioso en recuerdo de los deportados y los muertos en la frontera del desierto. Carteles de “Apoyamos a Rosa” se pueden ver en varios comercios del centro de Tucson. “Esta iglesia es muy de apoyar a la gente”, decía Robles junto a su marido, Gerardo, y sus hijos, Gerardo y José Emiliano.
Ver más: Periódico El País.

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